
La luz al fondo del pasillo; aunque la foto es oscura cumple con su objetivo: resaltar la luz que entra a través de la puerta de la escalera de emergencias.
Es fácil adivinar donde está tomada, algún elemento del contexto no deja lugar a dudas.
Aunque la imagen, al otro lado del cristal y de las rejas de la escalera de incendios, no es una idílica postal de un paraíso polinesio, representa el ansiado espacio abierto de la libertad, aún cuando el día es gris y la ciudad es una bulliciosa Madrid.
Y no nos podemos quejar, porque aunque las habitaciones sean pequeñas y la televisión no sea el “plasma” de 40″ de la Quiron, la atención es la correcta, con los recursos los necesarios, con los cuidados los de todos los profesionales que a tan noble labor se dedican.
Y gracias a “Dios” (espero no haber caído en pecado mortal por haberle mentado en vano) una atención pública y pagada con los impuestos de todos. Me río de eso que no hay hueco para una Europa social; claro mucho mejor pagar a los bancos y mantener el estatus de vida de los banqueros, que mantener un hospital público.
Bueno, en resumen, espero no tener que lamentar un pecado mortal; no vaya a ser que no queden camas o nichos públicos para los que trabajamos doce horas al día. De momento seguiremos paseando a paso de enfermo mientras miramos la luz de la calle al fondo del pasillo.

