Después de muchas peripecias y por puro azar he acabado subiendo el pico Peñalara con los compañeros de curro y personas cercanas que poco a poco van conformando un equipo estable de aventura y montañismo.
Esta vez le tocaba el turno al Peñalara, el techo de la Comunidad de Madrid con 2430m.
Sobre las 9 de la mañana 3 coches salían desde distintos puntos de Madrid. En punto de encuentro era el aparcamiento de Cotos a las 9:45. Pese a que desde Madrid el día prometía, según nos fuimos acercando la perspectiva cambió, una gran nube cubría toda la cordillera y el Peñalara corría la misma suerte.

Preparándose en el parking

Preparándose en el parking

Preparándose en el parking
Las doce personas que formaban la expedición comenzamos sobre las 10 con esperanzas de que el mal tiempo no nos afectara. Durante la primera parte de la ascensión, mientras estábamos cubiertos por el valle no hubo ningún problema. Hacía un Sol aceptable y la temperatura era buena, aunque un montón de plantas heladas mostraban las temperaturas que había alcanzado la zona.

Hierbas congeladas

Hojas de enebro

Hojas de abeto
Los problemas comenzaron cuando llegamos a la cresta de la cordillera y comenzamos a ascender por ella. Tuvimos que ponernos los crampones para avanzar con mayor seguridad. Allí nada nos protegía del viento que aunque no era excesivo era sostenido y bajaba la sensación térmica. Alcanzamos la cumbre totalmente cubierta por la niebla que no nos permitió disfrutar de las vistas.

Descanso en la cima
Con las fuerzas renovadas por haber llegado a la cima y con ganas de ponernos en movimiento por el frií comenzamos el descenso cerrando el recorrido circular. La niebla era bastante espesa y nos quedaba la parte más delicada que discurría por una cresta estrecha, escarpada y cubierta de nieve. Despacio y con cuidado cruzamos los bloques de piedra cubiertos de nieve que escondían alguna que otra grieta.

Cruzando el risco de Los Claveles

La densa niebla

Descenso por la cresta
Una vez superada la zona complicada, en seguida llegamos a la laguna de los Pajaritos. Desde allí el descenso fue más tranquilo, y también más lento. El cansancio se empezaba a notar, algunas personas tenían bastante frió y la niebla, que aún nos acompañaba, mermaba las fuerzas. Una vez que llegamos a la laguna de los Claveles la niebla se fue disolviendo y el paisaje se suavizó. Esto ayudó a afrontar la recta final con más fuerzas. Fue el momento de quitarse el equipo pesado de “alpinismo” (crampones y demás) y comenzar la parte sencilla de trekking.

Los estragos del frio

Macuto helado

Desequipándose
Unos 40 minutos después estábamos ya en el recorrido turístico del parque. La niebla casi había desaparecido y nos había permitido disfrutar más del paisaje.
Cuando llegamos a Cotos todo el mundo notaba el cansancio. El frío había ido desapareciendo y las caras de satisfacción relucían más que arriba, con niebla y viento.

Última parte del descenso

Cerca de la laguna de Los Claveles
Antes de volver a los coches llegamos a la estación del funicular, donde el gran vestíbulo, con calefacción y un caldo caliente, nos hizo las veces de comedor. Nada como unos momentos para descansar, calentarse y comentar el camino.

Reponiendo fuerzas en la estación
Por mi parte una excursión muy satisfactoria.
Sobre las 17:45 los tres coches abandonaban el parking de Cotos destino Madrid, a la espera de una nueva aventura.
Por último gracias a la gente que puso sus coches, los que fueron a recoger el material y a Fernando que se curró la información de toda la excursión y nos tuvo informados a través de esta página. Las fotos de todo el día las podréis ir viendo aquí (aún faltan las de algunas cámaras).